Lunes, 9:40 de la mañana, en una distribuidora de repuestos en Guadalajara. El vendedor tiene la lista lista desde el viernes: treinta empresas de transporte, nombres de contacto, teléfonos. Abre el correo «un segundo». Ordena el CRM. Va por un café. A las 11:30 todavía no ha marcado ningún número. No le falta información ni producto. Lo que le falta es ganas de escuchar otro «no, gracias».
Esa escena se repite en Santiago, en Bogotá y en Lima, y tiene nombre. La psicología de ventas la llama call reluctance, la reticencia a llamar. Cuando se habla de llamadas en frío casi siempre se discute la apertura perfecta o la mejor hora. Pero muchas ventas se pierden antes, en la llamada que nunca se hizo, o después, en el seguimiento que nadie mandó.
Un miedo que la tecnología no ha logrado borrar
En 2018, la consultora de entrenamiento ValueSelling Associates y la revista Selling Power encuestaron a 160 profesionales de ventas en Estados Unidos. El 48% dijo que a sus vendedores les daba miedo levantar el teléfono para llamar en frío, y el 53% que se rendían demasiado rápido (GlobeNewswire, 2018).
Ocho años, una pandemia y una oleada de herramientas de IA después, repitieron las preguntas con 153 líderes y vendedores. En septiembre de 2026 los números habían bajado, pero poco: el 46% de los líderes dice que sus equipos se rinden demasiado fácil, el 40% apunta al manejo de objeciones y el 39% sigue nombrando el miedo al teléfono (GlobeNewswire, 2026). Lo curioso es que en esa misma encuesta la llamada en frío de un vendedor aparece como uno de los métodos más efectivos para llegar a un prospecto nuevo: la eligió el 47%, solo por detrás de los referidos de clientes.
Ojo con dos matices. Son muestras chicas y estadounidenses, y quien las hace vende entrenamiento comercial. Aun así, la contradicción es difícil de ignorar. El canal funciona, pero a una parte importante de la gente que debería usarlo le cuesta usarlo.
Lo que cuesta no marcar
El concepto de call reluctance lo popularizaron los investigadores de Behavioral Sciences Research Press. Un artículo publicado por la Association for Talent Development describe varios tipos. Uno es el «telefóbico», que no tiene problemas para vender en persona pero se paraliza frente al teléfono. Otro es el que evita pedir referidos a sus propios clientes, el tipo que en un estudio con agentes inmobiliarios mostraba las mayores pérdidas de ingresos.
Según esa investigación, entre los vendedores nuevos que pierden el trabajo en su primer año, la reticencia a contactar prospectos explica el 80% de los casos. Entre los veteranos, cerca del 40% reconoce haberla sufrido en algún momento con suficiente fuerza como para poner en riesgo su carrera (Behavioral Sciences Research Press). Son cifras de una firma que vende diagnósticos sobre este mismo tema, así que conviene tomarlas como una señal y no como una ley. Lo interesante es lo que no dicen. El problema que describen no es de técnica ni de conocimiento del producto. Es emocional, y por eso un buen guion no lo arregla por sí solo.
Para una pyme el efecto se nota rápido. Si el único vendedor de una empresa de servicios en Concepción hace ocho llamadas al día cuando podría hacer veinte, no hay embudo de ventas que aguante. Y como casi nadie registra las llamadas que no hizo, el problema queda escondido detrás de un «el mercado está lento».
El «no» casi nunca es el último
La segunda mitad del problema llega después de la primera llamada. RAIN Group, otra firma de entrenamiento, encuestó a 489 vendedores que prospectan y a 488 compradores de 25 industrias. Encontró que generar una primera reunión con un prospecto nuevo toma en promedio ocho contactos. Incluso los equipos de mejor desempeño necesitan cinco, y el 53% de ellos requiere cinco o más intentos para lograr una conversión en cuentas nuevas (RAIN Group, Top Performance in Sales Prospecting).
El mismo estudio les preguntó a los compradores cuántos contactos les parecen aceptables antes de aceptar una reunión. Solo el 2% dijo que uno. El 55% habló de dos a cuatro, y más de un 40% toleraba cinco o más. Dicho de otra forma, el miedo del vendedor a «parecer insistente» suele activarse mucho antes de que el comprador se sienta molesto.
Aquí aparece una diferencia regional que pesa. En buena parte de Hispanoamérica, el seguimiento rara vez es solo otro llamado: es un WhatsApp corto, un correo con algo útil o un mensaje en LinkedIn que retoma lo que se habló. Una vendedora de software en Medellín que después de un «ahora no puedo» manda dos líneas con un caso de una empresa parecida a la del prospecto no está insistiendo. Está dejando la puerta entreabierta. RAIN Group habla de esto como «campañas de atracción»: secuencias de contactos por distintos canales, personalizadas por el propio vendedor, no envíos masivos de marketing (RAIN Group).
Eso sí, el seguimiento tiene un límite que no es comercial sino legal. En Chile existe el registro No Molestar del SERNAC, en México el REPEP de Profeco y en Colombia la ley «Dejen de Fregar» fija horarios para las llamadas comerciales. Repasamos esas reglas, junto con los datos sobre aperturas y horarios, en nuestro artículo anterior sobre llamadas en frío.
Por qué el registro importa más de lo que parece
En el artículo original del blog de Neuraltec, basado en una guía de Second Nature, hay un consejo que suena menor: anotar cada llamada en el CRM, aunque no termine en venta (Second Nature, 2025). Si los compradores necesitan entre dos y ocho contactos, el vendedor que no recuerda qué dijo el prospecto en el primero llega al tercero partiendo de cero. La nota de «llamar en marzo, después del cierre contable» es la que convierte un rechazo en un seguimiento con sentido.
Hay también un efecto menos obvio. Cuando un equipo registra lo que pasa en las llamadas, el «no» deja de ser algo personal y pasa a ser un dato. Diez rechazos seguidos con la misma objeción no dicen que el vendedor sea malo: dicen que esa objeción todavía no tiene buena respuesta.
Ensayar antes de quemar contactos
Si el freno es emocional, la experiencia de muchos equipos sugiere que la manera de bajarlo es la exposición: hacer la llamada incómoda tantas veces que deje de serlo. El problema es que practicar con clientes reales tiene un costo, porque cada mala llamada puede cerrar una cuenta por meses.
Por eso los gerentes comerciales han usado siempre el role play entre colegas, con sus límites: el compañero conoce el guion, se ríe a la mitad o no tiene tiempo. Las simulaciones con IA intentan resolver eso con un «prospecto» virtual que contesta apurado, pone la misma objeción las veces que haga falta y entrega una evaluación al final. Es lo que Neuraltec implementa en empresas de la región con simulaciones de tipo entrevista, ajustadas al idioma y al estilo de cada mercado: no responde igual una jefa de compras en Ciudad de México que un gerente de operaciones en Santiago.
Ninguna herramienta va a hacer que el vendedor de Guadalajara disfrute escuchar «no». Pero la diferencia entre él y el colega que sí marca a las 9:40 muchas veces no es talento. Es haber escuchado ese «no» suficientes veces, en un lugar donde no costaba nada, como para que el siguiente pese un poco menos.
Fuentes
- ValueSelling Associates y Selling Power, «Cold Calling Beats AI-Written Emails 6 to 1, Yet 39% of Sellers Fear the Phone» (GlobeNewswire, 01/09/2026)
- ValueSelling Associates, «Study Finds 1 Out of 2 B2B Sales Reps Fear Making Cold Calls» (GlobeNewswire, 16/10/2018)
- Association for Talent Development, «Overcoming Fear in Salespeople»
- Behavioral Sciences Research Press, «What is Call Reluctance?»
- RAIN Group, «Top Performance in Sales Prospecting»
- RAIN Group, «4 Essential Elements of a Winning Prospecting Strategy»
- Second Nature, «Cold Calling Tips That Work» (Rebecca Herson, 21/04/2025, actualizado 21/01/2026)
- Neuraltec, «Llamadas en frío que funcionan: consejos para ganar más conversaciones de venta»



